Gótico Andino

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Nociones acerca de la narrativa gótica y de los Andes

Estos conceptos podrían resultar aparentemente ajenos el uno del otro. Antes de establecer sus relaciones, objetivo de la próxima publicación, se hará un breve acercamiento a la literatura gótica y al espacio histórico, social y geográfico andino.

Narrativa gótica

Son harto conocidas las novelas góticas de autores como Mary Shelley, Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant. Este subgénero literario, en disputa por críticos por su pertenencia o no al Romanticismo, nace del terror y sus historias se desenvuelven, por lo general, en castillos embrujados, con seres monstruosos que provocan, de una manera u otra, la aparición del horror corporal (Rocha, 2017). En el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) se define de la siguiente manera: «variedad de relato de misterio, fantasía y terror que aparece a finales del siglo XVIII».

Miriam López Santos (2008) afirma que en este tipo de narrativa la relación entre el espacio y el tiempo narrativos es especialmente relevante. Saca a colación el manual de Mijaíl Bajtín Teoría y estética de la novela (1975), pues es quien introduce el concepto «cronotopo», vínculo, como decimos, muy pertinente en este género. Esto ocurre porque la lectura de estas narrativas suelen resultar más complejas que la realidad, y se dan en un ambiente mucho más inquietante y perturbador, pues está construida en una concatenación de enigmas que ha de resolver el, o la, protagonista. Por tanto, la extensión del relato está marcada por la duración y complejidad del misterio. 

Algunas características de la literatura gótica son la aparición de una serie de relatos superpuestos de manera, incluso, caótica, fragmentaria y deformada; el uso frecuente de la narración en primera persona y la intención de sus autores: logar el sentimiento y la sensación del miedo en aquellas personas que accedan a la obra (López, 2008). La estudiosa, basándose en las palabras de filósofos como Foucault, afirma que el miedo, principal eje en este subgénero, es el sentimiento de lo sublime.

El miedo del que habla en su artículo «Teoría de la novela gótica» puede ser una proyección del conjunto de terrores de un pueblo o nación, trazados a lo largo de la historia y las memorias, como regímenes opresivos que limitan la libertad humana. Estos miedos (López, 2008).

A modo de resumen, se adjunta una publicación de Ainhoa, usuaria de Instagram, acerca de la narrativa gótica (2022). Puede accederse a través de este enlace: https://www.instagram.com/p/Cdl7VNtLE9m/?igshid=YmMyMTA2M2Y=

Los Andes

Los Andes es una cordillera montañosa y volcánica situada en el área oeste de Sudamérica. Debido a su longitud de 8.500 kilómetros, se la considera la cordillera continental más larga del mundo; además, posee los volcanes más altos del globo. Atraviesa países como Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

Para ahondar en el paisaje de esta majestuosa cordillera, puede visualizarse el documental de la 2 «Lugares Extraordinarios del Mundo: Los Andes»: https://www.youtube.com/watch?v=cEcrMUdV_xQ

La extensión andina, como podemos ver, cuenta con unas dimensiones considerables. No es de extrañar, por tanto, el hecho de que convivieran distintos pueblos precoloniales en ese espacio. Se recomienda la lectura del libro Cosmovisión, historia y política en los Andes (2006), de Blithz Lozada, un estudio detallado de la cuestión tradicional, histórica, épica y mítica de esta zona.

Con objeto de ampliar el conocimiento y la comprensión alrededor de dichas culturas, una propuesta interesante es la que llevan a cabo una serie de investigadores (Hernández, Lemlij, Millones, et al., 1985), que analizan los textos «Los Hermanos Ayar», «La Guerra de Chancas», entre otros. Daremos pequeños detalles  del primero en este blog, pues los autores afirman acertadamente que posee un significado andino. Este hecho es debido a la narración de las peripecias en las que se sumerge ese pueblo para hacerse un sitio en el valle; una historia inmersa en el paisaje andino y en las tradiciones de su gente. A pesar de que pueda parecer verídico, no podemos tomarnos el texto al pie de la letra, pues la historia inka se halla dividida entre el mito y la realidad, manipulada por la mirada española. Otro pueblo andino son los chankas, en principio indómitos, que residían en las cuencas de los ríos Pampas y Pachachaca, y conquistaron a los quechuas en la región de Andahuaylas. Con objeto de expandir su territorio, se enfrentaron a los inkas y resultaron, los chankas, vencidos  (H, L, M, et al., 1985).

Unión de términos: ¿qué es el gótico andino?

Ahora que hemos visto ambos términos separados, narrativa gótica y los Andes, es momento de preguntarse qué querrá decir o qué señalará el concepto «gótico andino». 

Si sabemos que la narrativa gótica es un subgénero literario, podríamos enunciar que el gótico andino también lo es. Sin embargo, aunque en parte concuerdo con ello, me aventuraría a decir que, en la actualidad, el gótico andino es también un fenómeno literario; consecuencia de la popularidad y fuerza que ha tomado en estos últimos años en las propias obras, crítica literaria, prensa y ámbito académico. Una novedad inquietante en armonía a los tiempos distópicos (la pandemia, el cambio climático, auge de la extrema derecha…) que atraviesa el planeta.

Tras estas breves apreciaciones, es momento de adentrarnos en el gótico andino.

Recomiendo, como preliminar, acudir a este vídeo, donde la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda realiza una entrevista (2021) sobre su escritura y, además, hace algunos apuntes acerca del gótico andino: https://www.youtube.com/watch?v=hcDY4mRzsW0

La autora explica en su ponencia «Escrituras extremas: hacia una poética del deseo» (2021), que el gótico andino no se refiere a cuentos de terror sobre los Andes, sino al subgénero que explora los distintos miedos dados en un área geográfica e histórica concretas: los Andes. Porque el miedo, en sus palabras, puede ser geográfico e histórico; cuestión que nos remite al anterior punto, a la esencia de la novela gótica. Como sucedió con el sureño, a este fenómeno pertenecen obras muy disímiles entre sí (Ojeda, 2021), no se trata, entonces, de una moda literaria basada en esquemas manidos ni un compartimento estanco en el que pueda dictaminar qué entra y qué no, en lugar de qué características se comparte con el resto. Aunque Ojeda populariza el término, no lo inventa ella con su narrativa, porque, como asegura, «ya había mucha literatura en latinoamérica, con escritoras como Giovanna Rivero o Liliana Colanzi, que se podría catalogar de gótico andino» (2021). El término aparece por primera vez en la conferencia «Una muestra del gótico andino. Sangre en las manos de Laura Pérez de Oleas Zambrano» (2017), de Álvaro Alemán.

Transculturación: ideas de Cornejo-Polar aplicadas al gótico andino   

Debido a sus relaciones con la narrativa gótica, aparecida en Europa hace casi tres siglos, ¿podemos decir que este fenómeno es resultado del mestizaje de la literatura por la influencia europea o nos encontramos ante un caso de transculturación? Para responder a la pregunta, nos valdremos de los estudios de Antonio Cornejo Polar (1994).

El teórico explica desde su concepción que el concepto de «mestizaje» era un intento de «(re)conciliar» dos de las grandes fuentes de la América moderna: la hispania y la india; hecho que no se limita al ámbito literario. Su propuesta se basa en discutir si la transculturación, como dice, desde las versiones de Ortiz y Rama, sirve como un dispositivo teórico que ofrezca una base epistemológica razonable al concepto de mestizaje  (Cornejo-Polar, 1994). A continuación, enuncia lo siguiente:

Implicaría a la larga la construcción de un nivel sincrético que finalmente insume en una unidad más o menos desproblematizada (pese a que el proceso que la produce puede ser muy conflictivo) dos o más lenguas, conciencias étnicas, códigos estéticos, experiencias históricas, etc. Añado que el espacio donde se configuraría la síntesis es el de la cultura-literatura hegemónica; que a veces se obviaría la asimetría social de los contactos que le dan origen; y, finalmente, que dejaría al margen los discursos que no han incidido en el sistema de la literatura «ilustrada» («Mestizaje, transculturación, heterogeneidad», 1994).

Se ha subrayado el concepto «códigos estéticos» a causa de su relación con el tema tratado en el blog: la narrativa gótica europea frente a estas obras andinas que también se mueven alrededor del miedo y narraciones fragmentarias.

Por tanto, la transculturación se convierte en una solución de las diferencias y evita esas contradicciones que encontrábamos en el concepto del «mestizaje». Podemos interpretar que el gótico andino busca resemantizar las culturas indígenas y reinterpretar una identidad mixta entre lo pasado y lo presente. Esta redefinición de la cultura regional que genera el filtrado del gótico europeo mediante el prisma indígena resulta muy llamativa.

No menos interesante resulta su artículo «El indigenismo y las literaturas heterogéneas: Su doble estatuto socio-cultural». Por cuestiones de extensión, no ahondaremos en él, sin embargo, se puede visitar en el siguiente enlace: https://www.jstor.org/stable/4529866

El miedo

Este fenómeno literario, como sabemos, se fundamenta en la exploración del miedo y su vinculación al entorno. Por este motivo, se le va a dedicar un apartado a este sentimiento, como vimos en la publicación anterior, sublime.

Precisamente sobre esta palabra, «sublime», y el miedo, escribe Julia Kristeva (2004), quien describe la sublimación como «la posibilidad de nombrar lo pre-nominal, lo pre-objetal, que en realidad solo son un trans-nominal, un trans-objetal. En la sublimación, poseo lo abyecto». Acerca de la abyección hablaremos en el próximo apartado. En el psicoanálisis, la sublimación es el proceso en el que se transforman los impulsos instintivos en actos más respetados o aceptados moralmente por el resto. La elevación de los sentimientos hasta un punto álgido, donde es el propio sujeto quien denomina lo ajeno y, como sabemos, lo desconocido provoca miedo u horror.

Hay que insistir en que la llegada a esos miedos, a ese sentimiento enaltecido ante lo impropio, no marca necesariamente la pertenencia al subgénero del terror a la obra. Andrea Carretero (2021) enfatiza esta distinción entre el terror y el miedo, separación que ya había marcado Mónica Ojeda (2021), con una explicación concisa:

Lejos de buscar únicamente el suspense o provocar el terror en el lector, pretende —mediante temas y formas vinculadas a la expresión del horror— la exploración de los miedos y violencias pertenecientes a un contexto social y cultural donde la geografía, la simbología y la mitología andinas ofrecen un sustrato de significación a partir del cual se construye la experiencia. Esta experiencia, marcada por la inscripción de la violencia en los cuerpos, permite ahondar en la experiencia del miedo que surge de la amenaza de lo que la violencia puede generar en los cuerpos. La mirada hacia el otro, marcada por lo violento, posibilita una reflexión sobre el daño que un cuerpo es capaz de dar y de recibir. 

La violencia y lo abyecto

En palabras del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE), la abyección significa «bajeza, envilecimiento extremo» o «humillación»; según Julia Kristeva (2004), se trata de «aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden. Aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas, la complicidad, lo ambiguo, lo mixto». Esta segunda definición describe a las obras del gótico andino, irrespetuosas con los límites. Mónica Ojeda realizó en 2021 una ponencia a la que ya se ha hecho referencia en este texto: «Escrituras extremas: hacia una poética del deseo», escrituras extremas porque no entienden de límites, se los saltan en cada palabra. Por lo tanto,  la relación entre lo abyecto y el gótico andino es más que necesaria.

La filósofa comienza su libro Los poderes de la perversión/horror (1980) de esta manera:

Hay en la abyección una de esas violentas y oscuras rebeliones del ser contra aquello que lo amenaza y que le parece venir de un afuera o de un adentro exorbitante, arrojado al lado de lo posible y de lo tolerable, de lo pensable. 

La violencia se emplea en muchas ocasiones para alcanzar el miedo en los personajes o lectores de estas obras, como origen y/o reacción al mismo; reacciones como una descarga, una convulsión o un grito (Kristeva, 2004) son las que provoca lo abyecto, la perturbación, en definitiva: el horror. El miedo resulta, entonces, violento, tal y como las consecuencias reactivas que produce. También dice que la abyección y lo abyecto son esbozos de su cultura, reafirmando la vinculación del miedo al espacio; de nuevo, puede ser geográfico e histórico el horror, como sucede con el fenómeno que nos ocupa.

Otra filósofa que trata el tema de la violencia y que nos puede iluminar en nuestro estudio es Simone Weil, más específicamente, su ensayo «La Ilíada o el poema de la fuerza» (1940). La definición o visión que le otorga a la violencia es la de una abundancia desbordante de fuerza. En el ensayo afirma también que la violencia convierte en cosa a quien está sujeto a ella, en un objeto que deja de ser alguien (Weil, 1940).

Sin embargo, estas violencias también pueden producir placer (Ojeda, 2021), puesto que ni el goce no está exento de lo abyecto ni viceversa.

Las violencias que se dan en estas obras están ligadas a la familia (en especial la relación entre madres e hijas, entre hermanas y entre primas), al hecho de ser mujeres y vivir en un sistema patriarcal, al abuso sexual (también al infantil), a la pobreza y a los monstruos, de lo que se hablará en breves momentos.

Para adentrarse en la explicación de las violencias que se dan en obras de esta categoría, invito a la visualización del vídeo sobre Mónica Ojeda que realicé para la asignatura Narrativa hispanoamericana contemporánea: grandes voces, de la Universidad de La Laguna:

Sobre los miedos, generados por esta fuerza desparramada y abyecta, crean sus obras las autoras que mencionaremos en las siguientes publicaciones. En resumidas cuentas, el miedo, la fuerza y la abyección se consideran en este estudio como tres de los cuatro pilares fundamentales que sostienen al gótico andino.

Recomiendo ver la ponencia «Lo abyecto en el arte contemporáneo. El lenguaje visual de una nueva época», de Daniel González (2021). Que, aunque trata más bien las artes pictóricas, no resulta menos interesante o aplicable a la literatura de estas autoras. https://www.youtube.com/watch?v=oB9WS8QLwpk.

El cuerpo

Quisiera comenzar este apartado con unas palabras de Mabel Moraña en su libro Pensar el cuerpo: Historia, materialidad y símbolo (2021): «imposible no contar con él, no contarlo».

El cuerpo es, por naturaleza, problemático. Propio y ajeno, interior y exterior, visceral y emocional, evidente y oculto, individual y colectivo: formas binarias como estas pueden multiplicarse, porque el cuerpo, por su extrema permeabilidad, absorbe y emite significaciones que apuntan tanto a su materialidad como a sus proliferantes estratos simbólicos, sin reparar en contradicciones (Moraña, 2021).

Además, los cuerpos resultan la materia que recibe los tipos de violencia de los que hemos hablado anteriormente (Llubar, 2020). Así, cada uno de los excesos de fuerza se vierten o los recibe un cuerpo, un personaje o, incluso, el propio lector.

Estas maneras de mostrar cuerpos abusados o violentados, puede considerarse como describe Susan Sontag en Ante el dolor de los demás (2003), a propósito de las fotografías de cuerpos mutilados de Virginia Woolf, como un arma reivindicativa que vivifica la condena a las violencias que han producido el daño y acercar una realidad cotidiana para algunos (acaso, más concretamente, algunas) a aquellos a quienes les parece completamente ajena.

El monstruo

Mabel Moraña define al monstruo en su conferencia «Antonio Conejo Polar y el monstruo andino» (2016) como «un cuerpo anómalo que se exhibe y se repliega (…) ser aterrador, por naturaleza periférico, que merodea los espacios centrales, signo que anuncia crisis, catástrofes o desequilibrios en la comunidad». El monstruo causa, entonces, alteraciones en la sociedad, resulta un elemento desestabilizador (Moraña, 2016):

Muestra una corporalidad que aloja el tráfico incesante de significados que desafían la represión y domesticación del sentido. Los monstruos en el contexto latinoamericano movilizan el tema de la resistencia socio-cultural, la explotación  y la liberación, la condición marginal y su incidencia o interferencia en los espacios públicos.

Un ejemplo de esto es el relato «Freaks», de María Fernanda Ampuero, donde un niño hidrocéfalo es mostrado en un circo como una aberración. Al final del cuento, el protagonista, que es un preadolescente homosexual (otra cualidad vista como monstruosa en el relato), y este niño se suicidan juntos (otro acto tabú y monstruoso para la sociedad). Moraña añade sobre el monstruo que es la «versión salvaje de la otredad que merodea los espacios hegemónicos desarticulando sus pretensiones de unicidad, control y homogeneización de lo social».

Retomando las conceptualizaciones como el mestizaje, y a modo de conclusión, comenta Moraña estas interesantes palabras:

La construcción conceptual de lo monstruoso fue un leitmotif en los discursos que elaboraron la idea del mestizaje como hibridación que desnaturaliza los tipos étnicoraciales originarios y produce modelos desviados de la normalidad dominante, concebida como representación de una humanidad pura. El valor biopolítico de lo monstruoso se reafirma así en contextos nacionales en los que el ensamblaje de distintos niveles sociales y vertientes étnicas aparece como un constructo amenazante desde el punto de vista social, cultural y político.

Lenguaje

Estas violencias se escriben y describen a través de un lenguaje que busca rabiosamente la belleza. Aquí nos hallamos ante el último pilar: el lenguaje poético. Mónica Ojeda (2021) afirma, con acierto, que la violencia y el terror conviven necesariamente con la belleza, con la ternura y con el amor; contraste que no se entiende, atractor de una incertidumbre que mueve y conmueve a los seres humanos.

Considero que esta relación de contraste, de claroscuros entre «el fondo y la forma», lo contado y cómo se ha contado, es continua en el gótico andino.

Plumas (o teclados) del gótico andino

No hablamos únicamente de plumas para referirnos a la escritura de estas autoras, se mencionan también los teclados para dar énfasis a su condición de escritoras actuales, conectadas al Internet e interactivas con sus lectores, hecho que se refleja en sus obras.

La mayoría de estas autoras viven en la diáspora; escriben sobre espacios andinos desde España y otros países, en gran parte, europeos. De ahí que en sus escrituras puedan observarse reivindicaciones hacia la mejora de la situación de mujer migrante.

A continuación, se hará un breve acercamiento a las autoras seleccionadas cuyas novelas o colecciones de cuentos pueden catalogarse dentro del fenómeno del gótico andino. Para no desbordar la extensión, se colocará un concepto junto a sus nombres, de manera que dinamice la lectura.

Mónica Ojeda: abundancia de fuerza

Mónica Ojeda (1988) es una escritora ecuatoriana, de la ciudad de Guayaquil, cuya obra se divide en poesía, novela y cuentos. Entre su obra, destaca el poemario Historia de la leche (2019), que bebe el mito bíblico de Caín y Abel, proyectados en personajes femeninos. Sus tres novelas: La desfiguración Silva, Nefando y Mandíbula, de 2015, 2016 y 2018, respectivamente; en ellas aborda temas como la marginalidad de los logros de las mujeres, el abuso infantil o el vínculo madre e hija. Y en relación a los cuentos, encontramos su último libro, Las voladoras (2020).

Como hemos visto, es la divulgadora del término que nos compete, reinventándolo con una pulsión sensual y sensorial poética (Llurba, 2020).

Al respecto de su última publicación, Las voladoras, Sofía Traballi (2021) comenta que sus cuentos parecen desarrollarse en medio de la noche, a pesar de que sus personajes se muevan a plena luz del día, adentrados en una atmósfera que aúnan lo mágico y lo animal.

El cuento homónimo al título de su último libro, «Las voladoras», relata una situación incestuosa y de abuso infantil mediante el uso de lo sobrenatural y mitológico, esas mujeres-ave andinas (Alejandra Gaeta, 2022). Esta disociación es común en niños traumatizados (tema que trata también en Nefando).

Tiene influencias como Armonía Somers, autora de La mujer desnuda (1950/2020), a quien le escribe en la cubierta del libro un homenaje en la edición de Trampa. 

M.ª Fernanda Ampuero: lo escatológico

María Fernanda Ampuero (1976), que también es una escritora ecuatoriana y, casualmente, también de Guayaquil. Es novelista, cuentista y periodista. Sus últimas obras, compuestas por cuentos, son Pelea de gallos (2018), mediante la crudeza e imágenes explícitas de violencia, critica distintas situaciones de desigualdad en Latinoamérica, entre ellas el machismo, y Sacrificios humanos (2021).

Su terror, porque ella sí denomina que su obra pertenezca a dicho género, emana de lo cotidiano.

Enrique Benítez (2019) enuncia lo siguiente en relación a la escritura de Ampuero:

La gran baza de la narrativa corta y explosiva de Ampuero tiene que ver con dos cuestiones aparentemente contradictorias o antitéticas. Por un lado, un enorme despliegue de violencia física y simbólica, un aplastamiento de sus protagonistas, una querencia por la humillación, un circuito próximo y por lo tanto prójimo de agresividad y daño. Por la otra parte, son el hogar, la familia, los vecinos y amigos más inmediatos los que dañan, los que agreden, los que atacan, los que violan. De esta manera, el cielo protector que deben proporcionar la familia y el hogar deviene en el escenario impensable de las tragedias, de las normas aceptadas, de las costumbres humillantes, de la perpetuación de roles malvados […].

Cuenta con la influencia del cine y novelas de terror de los 80-90, en especial de Stephen King, como ocurre con Mariana Enríquez.

Liliana Colanzi: la tradición perturbada

Liliana Colanzi (1981) es una escritora, periodista y editora nacida en Bolivia. Tiene publicados cuatro libros de cuentos: Vacaciones permanentes (2010), La ola (2014), Nuestro mundo muerto (2016) y Chaco (2020). Este mismo año en que nos encontramos, 2022, gana el valioso y suculento premio Ribera del Duero, con el libro de cuentos Ustedes brillan en lo oscuro.

Anabel Gutiérrez (2017) afirma que «una creciente revalorización de las diferentes tradiciones autóctonas es probablemente» una afortunada consecuencia del «nuevo escenario sociopolítico boliviano», ha resultado entonces muy productiva la obra de Colanzi, que puede «estar marcando una de las más provechosas líneas por donde acaso vaya a transitar la narrativa de tiempos venideros». La investigadora pone en relieve el hecho del presagio en sus cuentos, los augurios que se corresponden con las narrativas no lineales; cuestión que, como hemos visto, caracteriza a la literatura gótica.

Otras autoras notables

Muy a mi pesar, y por una cuestión de temporalidad y extensión (el cronotopo mencionado y esa relación entre el tiempo y el espacio, vemos que el gótico andino se escapa a la realidad), no se hará un análisis en profundidad de las siguientes autoras, a las que sí mencionaré y daré su bien merecido lugar en la lista.

Absolutamente destacables y relevantes son Giovanna Rivero (1972), con su obra Para comerte mejor (2015) o Tierra fresca de su tumba (2021); Solange Rodríguez (1976), La primera vez que vi un fantasma (2018); Natalia García Freire (1991), Nuestra piel muerta (2019), y Michelle Roche (1979), Malasangre (2020), obra de la que haremos una reseña a continuación. Como se puede comprobar, existe cierta relación en los títulos con la muerte y, sobre todo, con el cuerpo, hecho que difícilmente pasa desapercibido y que denota características comunes (en obras disímiles, como decía Ojeda) en las inquietudes de las escritoras.

Reseña de Malasangre (2020), de Michelle Roche

Malasangre (2020) es la primera novela de la escritora venezolana Michelle Roche, publicada en Anagrama. En ella, se emplea el vampirismo para hablar de temas como la situación de las mujeres de Venezuela en los años 20, la influencia de la Iglesia en esta, el auge del petróleo y la historia y política del país. En resumidas cuentas: vampirismo, posición de la mujer y la situación sociopolítica de la Venezuela de hace un siglo. 

El narrador coincide con el personaje protagonista, Diana. Por las palabras utilizadas y el tiempo empleado, el pretérito, se puede dilucidar que lo narrado es bastante anterior al momento vital «actual» del personaje; es decir, parece que Diana ha llegado a la treintena o cuarentena de edad cuando narra sus sucesos de la juventud.

Diana comienza la historia con unos catorce años, es una lectora ávida y una chica inconformista ante sus papeles asignados en la sociedad del momento. Posee una condición vampírica llamada hematofagia, heredada por su padre, que le genera el impulso irrefrenable de beber sangre, así como la fascinación por la misma. Su estado se muestra casi siempre con tintes eróticos. Durante la novela puede observarse su evolución como personaje; desde acatar, no muy convencida, las reglas de su madre hasta destruir cada una de sus expectativas. Cecilia es la progenitora, una mujer que cuenta con una fuerte dualidad: por un lado, es una beata muy ligada a la Iglesia, por otro, disfruta de las relaciones íntimas con Evaristo, su marido, donde usan la condición vampírica de él como juego sexual. Evaristo Gutiérrez, el padre de Diana y marido de Cecilia, es prestamista y lleva la empresa Gutiérrez & Compañía. Su condición se debe a las relaciones sexuales que mantuvo con una prostituta de don Juancho; esto, además de cambiarle su relación con la sexualidad y la sangre, lo transforma en persona non grata para el gobierno; esto se convertirá en un obstáculo para sus negocios. Es egoísta y permite que el señor don Juancho viole a su hija a cambio de sus propios beneficios. Por último, entre los personajes principales, se encuentra Modesto, un señor muy culto y letrado, gran consumidor de artes y portador de ropas extravagantes. Él se encarga de ofrecer lecturas y educación a Diana cuando su madre la saca de la escuela. Tiene unos ideales muy adelantados para su época. Evaristo deja de ser su socio debido a su orientación sexual (Modesto es homosexual). Muere años después de que Diana se marchara a París.

Su estilo es muy cuidado y, en ocasiones, recargado de adjetivos y recursos como la metáfora (el uso del vampirismo, cuando llama «estiércol del diablo» al petróleo) o el símil (el petróleo es como la sangre).

La autora afirma en una entrevista que esta novela puede leerse o ser entendida sin la parte sobrenatural. Yo no opino lo mismo. Si bien es cierto que las novelas están conformadas por capas que pueden irse deshojando para el análisis, a la hora de concebirla en su conjunto considero que todas se han de tener en cuenta. Recomiendo la visualización de la entrevista: https://www.youtube.com/watch?v=bqrNGojp2Dc, pues, a pesar de no coincidir en ese punto en concreto, es muy enriquecedora en su totalidad.

En el mismo vídeo comenta que en las novelas hispanoamericanas del género de dictador, los personajes femeninos se dividen en dos papeles: las prostitutas y/o femme fatales y las esposa. Esta relación me recordó a la distinción que hace Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949) entre mujeres y en la concepción de la misma respecto al hombre: «la alteridad».

Una novela muy interesante que reinventa el mito del vampiro, en concreto del latinoamericano. Otro ejemplo de esta cuestión es la escritora argentina Marina Tuszczuk con La sed (2020), lectura recomendada si es de interés la figura del vampiro latinoamericano.

Otros miedos andinos: Quiltras (2019), Arelis Uribe

Como hemos indicado, el gótico andino se mueve a través del miedo, lo explora y se adentra en la sensación, no parte del terror ni en todos los casos es su intención última. Quiltras (2019) es un caso de literatura que explora los miedos, sobre todo de mujeres, que atiende a lo abyecto, pero sin elementos sobrenaturales, sino desde la realidad. 

Arelis Uribe (1987) es una escritora y periodista chilena. Ha publicado los libros  Quiltras, de la mano de la editorial Tránsito, Que explote todo (2017) y Las heridas (2021), entre otros. Maneja temas en su escritura como la pobreza, la precariedad y el poder de las autoridades, el alcohol y drogas, el hecho femenino, y las violencias que ello conlleva, y el homo eros entre mujeres. Esto puede verse en el siguiente fragmento, que inicia el cuento homónimo al título del libro:

Me acuerdo del comedor lleno de caca de paloma. Me acuerdo de las manchas, eran como la mezcla de blanco y gris en la paleta de un pintor, pero secas y poniéndose verde oscuro, fosilizándose en el techo, en el suelo, en las ventanas, en la mesa al lado de nuestros tapers con arroz con huevo o con porotos con rienda, calentados en el único microondas del casino. Me acuerdo que todo era cemento o era tierra. Me acuerdo del baño, con las tazas vomitando litros y litros de agua, regurgitando lo que alguien había depositado hace días, semanas o meses. Me acuerdo que había que entrar al baño aguantando la respiración o respirando por la boca (Quiltras, 2021).

Los investigadores Felipe Cussen y Rachel Robinson (2021) afirman que el recurso empleado en este fragmento, la anáfora, es un gesto integrado en la escritura chilena.

Un aspecto que quería destacar es la oralidad en voces adolescentes que muestran sus narraciones. «De qué color tenís el pelo, con qué ropa andai», recuerda a la manera de expresar la lengua viva de Diamela Eltit, también escritora chilena, en Fuerzas especiales (2015): «¿y qué estai haciendo tú?» o «acaso no entendís». Emplean ambas la lengua de la calle para darle voz a sus personajes.

Para finalizar, Sandra Navarrete (2020) opina acerca de la literatura chilena, teniendo en cuenta a Uribe, con estas interesantes palabras:

Por otro lado, el tiempo narrado es el de un Chile neoliberal endeudado y empobrecido, corrupto y violento, pero que no afecta a un sujeto específico que no ha encontrado su camino, como muestra hasta cierto punto la autoficción, sino que arremete contra un grupo humano marcado desde su nacimiento por sus condiciones sociales. Si bien este grupo de narrativas no se puede emparentar con algún subgénero específico, como por ejemplo se podría pensar en una vuelta del realismo social, sí podemos apreciar ciertas zonas comunes con la crónica periodística, el realismo de la narrativa marginal —al estilo de El Río de Gómez Morel—, el género policial, entre otras.

Gótico latinoamericano

Como preámbulo a este brevísimo acercamiento al gótico latinoamericano, comparto un artículo de Rubén Montes (2022), a propósito de la Feria del Libro de Madrid y del llamado boom latinoamericano femenino, hecho con el que ninguna de las autoras entrevistadas (M.ª Fernanda Ampuero, Mariana Enríquez, Clara Obligado o Liliana Colanzi) está de acuerdo:

https://www.lasexta.com/noticias/cultura/lucha-feminista-escritoras-latinoamericanas-reivindicar-propio-espacio-literatura-puerta-abrio-amablemente_20220528629231cdd7b96e0001f595b2.html

En este artículo corto, Ampuero defiende que no son un producto de marketing, tan solo mujeres escribiendo. 

Mariana Enriquez

Mariana Enriquez (1973) es una escritora y periodista argentina, de Buenos Aires. Entre la gran cantidad de libros que ha publicado, destaco su libro de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego (2016), donde trata temas como la salud y los trastornos mentales, la desigualdad y la violencia hacia la mujer; la novela Nuestra parte de noche (2019), por la que ganó el Premio Herralde de Novela 2019. Su primera novela, Bajar es lo peor, de 1995, ha sido reeditada de la mano de Anagrama. Ha sido traducida a 

Es fanática del rock, pueden hallarse evidencias de su gusto musical en Nuestra parte de noche.

Influenciada por las culturas y mitos mapuches y chiloé, construye un universo fantástico muy peculiar y arraigado a varias tradiciones latinoamericanas. De esta manera, ¿podríamos decir que pertenece al gótico andino? Si no a uno andino, su relevancia en el latinoamericano es completamente palpable. 

Recomiendo su entrevista en Caja Negra para entender más sobre su visión de la literatura y obra: https://youtu.be/Vyq0MEcRDng 

Samanta Schweblin

Samanta Schweblin nació en 1978 en Buenos Aires y estudió cine y televisión. Este hecho puede verse reflejado en su escritura, entre otras cosas, por la cantidad de descripciones que podrán pasar perfectamente por planos detalles e imitar el contenido expresivo que estos generan. Es considerada una de las autoras representantes de la literatura argentina contemporánea y, más concretamente, de la fantástica rioplatense (Gallego, 2020) y, el tema que nos acontece, el gótico latinoamericano.

Tiene obras como la novela corta Distancia de rescate (2014), publicada por la editorial Penguin Random House, y la colección de cuentos Pájaros en la boca (2017), por la misma editorial en España. Ha ganado los Premios Shirley Jackson (2017), en Estados Unidos, y el Premio Tigre Juan, en España, entre otros muchos más galardones. Su novela mencionada cuenta con una adaptación cinematográfica homónima, de la mano de la directora peruana Claudia Llosa, y se rodó en el sur de Chile.

ASMR y terror

El ASMR es una sensación agradable que se produce al escuchar ciertos sonidos (el repiquetear de las uñas de alguien sobre la mesa, ver a otra persona usando un bolígrafo propio y, sobre todo, los susurros). Cuando se popularizó el término, fueron igualmente virales aquellos vídeos que buscaban provocar esta sensación en los espectadores.

Traigo a colación el ASMR porque me topé con dos vídeos del canal de YouTube «Mindarina ASMR», administrado por una joven argentina, donde leía un cuento de estas dos autoras mencionadas. Me llamó la atención porque, precisamente, la literatura de estas mujeres está conformada por claroscuros y contrastes, como es el de leer susurrando, con intención de relajar al oyente, cuentos de terror con una melodía siniestra de fondo. Un comentario muy curioso es el de un usuario de la plataforma admitiendo: «seguramente tenga pesadillas pero bueno tu voz es preciosa y necesito dormir».

«La casa de Adela», Mariana Enriquez, lectura susurrada: https://youtu.be/FnxN5eI11QI

«Mi hermano Walter», Samanta Schweblin, lectura susurrada: https://youtu.be/pi6GxejrGXg

Conclusiones

El gótico andino es un fenómeno de transculturación al que se han sumado (consciente o inconscientemente) un buen número de autoras hispanoamericanas. Gran parte de la literatura de estas escritoras se ha compuesto desde la diáspora, hecho reflejado en sus páginas y en las concepciones del mundo de las obras.

Estas mujeres, cuentistas y novelistas, entre otras cosas, exploran los miedos desde múltiples perspectivas, cada una desde un estilo y visión propios que producen variedad entre sí.

Con respecto a la realización de este trabajo, solo puedo reiterar las palabras que dije en el vídeo de la primera tarea: estas autoras crean una literatura sumamente interesante que merece un espacio propio de estudio en el ámbito académico. Aunque traté de abarcar distintas cuestiones, queda aún mucho que analizar de ellas, tanto en grupo como individualmente.

Por último, tal y como podemos comprobar, al tratarse de una escritura actual, poseemos bibliografía fresca y reciente de la que sacar información, por un lado, y trabajos de importantes estudiosos como Cornejo-Polar o filósofas de la talla de Simone Weil o Simone de Beauvoir en la que apoyarnos.

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